domingo, 23 de octubre de 2016

La Danza de los Esqueletos

Existe una isla cubierta por la é de Océano Pacífico, por eso nunca aparece en los mapas. Todos los días, allí siempre muere alguien de una manera horrible. Y cada doce años, todos esos muertos regresan a la vida y sus esqueletos bailan a la luz de la luna. En el centro de la isla se levanta un gran volcán. Y esa noche que salieron los muertos, el volcán hizo erupción y los muertos quedaron debajo de la lava. Encerrados bajo una gruesa lápida de lava petrificada, los muertos nunca más volvieron a bailar.  

El Bombero Valiente

La casa estaba en llamas y los bomberos revisaban por todos lados, verificando si había gente atrapada. Encontraron a cuatro personas y a un perro y a todos los rescataron. Estaban por retirarse porque el fuego había vuelto todo muy peligroso e irrespirable, cuando de repente uno de los bomberos escuchó un alarido de la zona donde el infierno era más profundo. Sus compañeros le dijeron que no se arriesgara, que era imposible que hubiera alguien vivo en ese lugar. El bombero no hizo caso, allí había una quinta víctima y había que rescatarla. El bombero valiente se internó entre las lenguas de candela, avanzó sin pensar que luego no podría escapar. Llegó hasta esa quinta persona y lleno de espanto vio que se trataba de él mismo. La muerte le estaba esperando.

sábado, 22 de octubre de 2016

La Pesadilla


Una noche un señor tuvo una terrible pesadilla. Se levantó todo sudoroso y cuando volvió a dormirse, volvió a tener las mismas visiones espantosas. A la noche siguiente volvió a tener la misma pesadilla y la misma y la misma, noche tras noche, semana tras semana. Desesperado, fue al consultorio de un psicólogo quien le recetó unas pastillas que le harían dormir profundamente, teniendo sueños más placenteros. Esa noche el señor tomó la pastilla, se acostó y nunca más volvió a despertar. Se quedó, para siempre, atrapado en su pesadilla. 

domingo, 16 de octubre de 2016

Diálogo de Camerino


—Mañana jugamos la Final contra el Washington.
—Vamos a cobrarnos la revancha. Este año nos hemos reforzado con Fabio y Matías. A Alonso le ha hecho bien meterse en la Academia de Fútbol en el verano.  
—Nosotros hemos mejorado, pero Washington sigue siendo el mejor. Ellos tienen a Víctor, a Adrián, a Benedict, a Joaquín en el arco. Él se para fijo entre palo y palo y no hay cómo meterle un gol.
—Diego también ha mejorado desde que está en la Academia de la San Martín. Ahora mueve el mediocampo. Es más creativo. En el partido pasado jugamos como una máquina y goleamos al Roosevelt 7 a 0.
—Casi igualamos a Washington que le metió nueve al Kennedy.  
—El problema de nuestro equipo es que a veces nos desordenamos. Todos queremos atacar y nadie se queda a defender. El año pasado entre Víctor y Adrián nos metieron seis goles. En todos estaban solitos frente al arco. 
—Es culpa del árbitro que no cobra posición adelantada.
—En fulbito no se cobra posición adelantada, eso se cobra en el fútbol.
—¡Esta vez sí, muchachos! ¡Debemos estar concentrados! Fabio, no hagas payasadas en el arco. Por dártelas de gracioso, los pelotazos fáciles se te escurren como si tuvieras mantequilla en los guantes. Alonso, tú te quedas atrás con Sebastián. Es muy desordenado, pero si le hablas bonito te hace caso. Yo me quedo con Matías en el medio para crear y obstruir. Jugamos sólo con Alfieri adelante. 
—¿Con Alfieri? Pero si él se para fallando goles. Siempre hace una de más. Le gusta colocarse, que la gente lo mire y encima patea despacio. A su remate le falta potencia. Parece que no come bien en su casa. 
—Ustedes no lo han visto jugar últimamente. Alfieri ha mejorado bastante. En las clases de fútbol de las tardes le han enseñado a tocarla en primera y a jugar más para el equipo, a no enviciarse con la pelota, a darle pase al compañero mejor ubicado.  
—Pero el equipo funcionó muy bien la fecha pasada sin él.  
—Una cosa es jugar contra el Roosevelt y otra contra Washington. El partido es crucial y a Alfieri lo necesitamos.
—Diego, lo dices porque Alfieri es tu pata. Eso se llama ser argollero. 
—No es argolla, Alfieri es nuestro mejor delantero y lo saben. Merece jugar de titular. Me la juego por él. Mañana, cuando acabe el partido veremos si al apostar por él nos equivocamos o no.
—¡Todo sea por Lincoln!
—¡Por Lincoln!  
—Y por 'Alfieri Fútbol Club' —exclama Alfieri, quien, para variar, había llegado tarde a la reunión.

La Isla del Zodíaco

En medio del Océano Atlántico existe una isla que los navegantes conocen como la Isla del Zodíaco. Es una isla que tiene fama de maldita, por eso los barcos la pasan de largo. Cuenta la leyenda que cada cuatro años aparece el Diablo y escoge a doce personas, cada una nacida en un símbolo del zodíaco distinto, para que hagan maldades a ciento veinte personas cada uno. 

Cumplido el plazo para que hagan sus maldades, se apareció el Diablo y vio que ninguno de los doce había cumplido con la misión encomendada. Había escogido a personas de buen corazón que se resistieron a hacer daño a sus semejantes. El Diablo furioso buscó a los doce y sólo encontró a once a quienes los convirtió en Ángeles Malditos.

 Sin embargo, se salvó la persona que representaba al signo de Escorpio. Lo buscó por toda la isla y no lo pudo encontrar. Nunca supo que se salvó porque era el único que tenía un escudo secreto. Ese escudo se llamaba Dios quien lo escondió en el Cielo transformándolo en una Constelación. 

Exterminio

Estaba un día sentado en mi barrio, pensando cómo sería si de repente el mundo se quedara sin humanos, si desapareciéramos de la Tierra por una epidemia que sólo nos afectara a nosotros y no a los demás seres vivos. Vi entonces cómo sería el mundo sin nosotros, eso pasó delante de mis ojos. Las calles se quedarían sin luz porque ya no habría energía eléctrica. Las fábricas se pararían. El mundo estaría más limpio porque no habría más basura. No habrían carros, ni chimeneas que contaminen. El aire sería más puro. Todos los perros, gatos, peces de en las peceras morirían. Los animales domésticos que sobrevivan tendrían que volverse más salvajes para sobrevivir. Los satélites en el espacio se caerían como estrellas moribundas. Los puentes, edificios, murallas, se derrumbarían corroídas por el tiempo. Las plantas nucleares explotarían y la radioactividad mataría a animales y plantas. Las ciudades construidas en el desierto desaparecerían en la arena. Los pantanos se comerían a las ciudades. Los animales marinos saldrían de las profundidades y poblarían el mar. Sin humanos, el verde brotaría del asfalto porque el planeta no necesita de nosotros para estar vivo.

domingo, 9 de octubre de 2016

Carrera de skates


Una mañana de vacaciones, estábamos en nuestro barrio imaginando que con nuestros skateboards éramos equipos de autos de carrera. Bruno dijo: "A sus marcas, listos..." y nos pusimos a rodar y a rodar, a rodar y a rodar (mi vida), dando vueltas por el parque. 

En las ocho primeras vueltas yo llevaba la delantera. Habíamos quedado que ganaba el que terminara primero en las diez vueltas al parque. En la vuelta nueve ya le había sacado ventaja a la mayoría. Estaba a punto de pasar a los últimos (a quienes todavía no llegaban a la novena vuelta). Pasé a 'Panconpavo' y cuando estaba a punto de pasar al Gordo Nemo, este que pierde el equilibrio, se cae y yo que me caigo encima de él. Pero el que llevó la peor parte fue 'Panconpavo' que venía detrás de mí. Se tropezó con los dos y salió volando y cayó encima de su brazo. Todos nos reímos sin saber que se había fracturado el brazo.   

A la mañana siguiente volvimos a ver a 'Panconpavo' en la calle. Quería la revancha de la carrera, así y todo con el brazo enyesado.