Había en medio de la calle un perro al costado de un viejo Volkswagen Escarabajo. Se trataba de un dálmata de porte esbelto y muy bien cuidado que llevaba en el cuello un cartel en el que decía: «Adóptame». Pasaba por allí un niño con su mamá quienes se quedaron encantados con el perro. Buscaron a alguien para decir que se lo llevaban, pero no encontraron a nadie que les diera razón por el perro o por el Escarabajo destartalado.
Se llevaron el dálmata a casa. El niño le puso Cabaña como nombre, lo cobijaron en el patio y, a la mañana siguiente, sin ninguna explicación, el perro había desaparecido. El niño y su mamá lo buscaron por todas partes, se les ocurrió volver a la calle donde lo habían recogido y allí lo encontraron, al costado del mismo Volkswagen y con el cartel de «Adóptame» en el cuello.
Volvieron a llevarse al perro a su casa y al día siguiente volvió a desaparecer. Esta escena se repetía día tras día hasta que la mamá, cansada de esta situación, decidió hacerle exámenes a Cabaña. Los rayos X revelaron que el animal no tenía huesos, ni órganos ni nada. La ciencia determinó que se trataba de un fantasma.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
martes, 1 de noviembre de 2016
La Procesión
Vivía en el centro de Lima un niño que era muy devoto de El Señor de los Milagros. Su mamá le había confeccionado un hábito morado y todos los años, cuando la procesión pasaba por la puerta de su casa, le rezaba y le arrojaba flores. Ese año el niño y su mamá no llegaron a tiempo. Tuvieron un compromiso lejos y cuando llegaron, la muchedumbre ya había pasado. Al llegar la noche, el niño se acostó muy triste y se durmió pensando en los platillos y sabrosas golosinas que ese día no había podido probar.
A eso de las tres de la madrugada, el niño se despertó por el sonido de la banda, las bombardas y el olor inconfundible de los sahumerios. La procesión volvía a pasar por su casa. Buscó a su mamá y vio que estaba profundamente dormida. Sin despertarla se vistió con el hábito y bajó las escaleras para rezarle al Señor y arrojarle las flores que tenían como ofrenda.
Ya en la calle vio que la Sagrada Imagen era seguida por hombres con capa y sombrero y mujeres con el rostro cubierto por un manto. Una vendedora le obsequió un pedazo de turrón. Otra una porción de mazamorra y una mujer morena un anticucho de corazón. El niño no lo sabía pero se trataba de fantasmas, de gente creyente que había vivido en otro tiempo.
La neblina cayó sobre Lima y la procesión de las almas desapareció. El niño devoto se fue con ellos.
El Bus Rojo

Mi colegio tiene un bus igualito a los que en Estados Unidos hacen movilidad escolar. Pero no es color amarillo. Es de color rojo, de un rojo muy encendido, casi como el fuego. En el primer bimestre recoge a poquísimos alumnos. En el segundo, el número aumenta. En el tercero, todos los asientos están ocupados. En el cuarto está totalmente repleto con alumnos que viajan hasta parados. En las últimas semanas, el bus viaja a tal velocidad que se hace muy difícil bajar. Su puerta está herméticamente cerrada. Escapan aquellos que pueden saltar por las ventanas, pero igual son muy pocos los que tienen suerte. El viaje acaba a fin de año y cuando sus pasajeros llegan a casa les dicen a sus padres: "Me han jalado de año".
domingo, 30 de octubre de 2016
Carrera Felina
Una vez al año, todos los felinos del mundo se reúnen en la sabana africana para definir quién es el más rápido. Año tras año se repite el mismo resultado. El Guepardo, con sus más de cien kilómetros por hora, hacía morder el polvo a los otros felinos, como el Tigre, el Leopardo o la Pantera.
En la última carrera, dos felinos peruanos, el Puma (corredor) y el Otorongo (su entrenador) se propusieron ganar como sea. A espaldas del León —el más justo de los felinos— habían decidido hacer trampa. Cuando los gatos siameses anunciaron la partida, todos los participantes se echaron a correr y el Guepardo rápidamente les sacó varios metros de ventaja.
Parecía que una vez más iba a ganar, pero de repente apareció en su camino un fantasma, un felino venido de la nada, un Smilodon. "¡No puede ser, tú te extinguiste hace trece mil años!", exclamó el Guepardo, paralizado por el miedo. El Puma aprovechó y corrió hacia la meta, llegó primero y derrotó al Guepardo después de mucho-mucho tiempo.
Nunca se supo que el Smilodon —más conocido como 'Diente de Sable'— había sido una proyección, un holograma, ideado por el Otorongo, orgulloso de que por primera vez el trofeo se fuera para el Perú.
En la última carrera, dos felinos peruanos, el Puma (corredor) y el Otorongo (su entrenador) se propusieron ganar como sea. A espaldas del León —el más justo de los felinos— habían decidido hacer trampa. Cuando los gatos siameses anunciaron la partida, todos los participantes se echaron a correr y el Guepardo rápidamente les sacó varios metros de ventaja.
Parecía que una vez más iba a ganar, pero de repente apareció en su camino un fantasma, un felino venido de la nada, un Smilodon. "¡No puede ser, tú te extinguiste hace trece mil años!", exclamó el Guepardo, paralizado por el miedo. El Puma aprovechó y corrió hacia la meta, llegó primero y derrotó al Guepardo después de mucho-mucho tiempo.
Nunca se supo que el Smilodon —más conocido como 'Diente de Sable'— había sido una proyección, un holograma, ideado por el Otorongo, orgulloso de que por primera vez el trofeo se fuera para el Perú.
jueves, 27 de octubre de 2016
Yabadabadú
Nos habíamos juntado en el parque para ver a quien le tocaba. Ñaja comenzó el ritual de señalar a cada uno cantando: "Pedro Picapiedra mató a su mujer, de cinco cuchillazos la hizo caer, yabadabadú, saliste tú..." Y su dedo terminó señalando el pecho de Mauricio. Bien obediente, Mauricio cumplió con el juego. Tomó el cuchillo de la cocina y lo clavó cinco veces en la espalda de su hermana. La pobre se llamaba Ana.
el arquero alado
Había un arquero que tenía alas, por eso era muy difícil que le marcaran goles. Volaba velozmente de un palo a otro, llegaba a los lugares imposibles, impedía que las pelotas ingresaran por donde los comentaristas dicen hacen nido las arañas. Este arquero no era un ángel. Era un ser humano como cualquier otro. Había nacido con alas porque su mamá comió mucha sopa con perdices y huevo de codorniz cuando estuvo embarazada. Cuando estaba a punto de conseguir un récord de imbatibilidad, la Federación le prohibió al arquero seguir tapando. Los equipos rivales protestaron porque consideraban que sus alas era una habilidad sobrenatural que lo inhabilitaba. El arquero se propuso acatar la orden y juró que nunca más volvería a usar sus alas. Para ello las amarró con vendas, luego con sogas, correas, las más pesadas cadenas, pero era imposible, siempre que el arquero se lanzaba sus alas se liberaban de los objetos que las ataban y los árbitros invalidaban sus jugadas.
Desesperado porque el fútbol era su vida, el arquero decidió someterse a una operación para extirparle las alas. Lo operaron pero nunca más pudo volver a tapar. Nunca más sus pies pudieron despegarse del suelo.
domingo, 23 de octubre de 2016
Ninjas de mi Barrio
Un día, mis amigos y yo jugábamos a que éramos ninjas. Estábamos probando nuestras 'espadas', cuando de repente una bala, que sale disparada de no se sabe dónde, impactó en el tanque de agua, cerca de la cara de Ricardo. Sorprendidos intentamos saber quién habría disparado. El 'Hongo' dijo que vio un fogonazo salir de la ventana de don Jacinto, el vecino amargado que siempre nos gritaba, diciéndonos que vayamos a jugar fútbol a otra parte. Justo en ese momento salió Stefano de su casa y le contamos lo que había sucedido. Fuimos al edificio donde vivía don Jacinto, subimos a su departamento en el tercer piso y encontramos que la puerta estaba abierta, unos tipos habían entrado a robar y todavía estaban allí. A don Jacinto lo tenían de rodillas, con las manos arriba, temblando de miedo. Stefano dijo que si llamábamos a la policía, ellos llegarían muy tarde, así que decidimos actuar porque no podíamos permitir que hubieran rateros en el vecindario. Con nuestras 'espadas' —palos de escobas— los atacamos por la espalda y los golpeamos hasta que los tres ladrones se desplomaron en el piso. Solucionar las cosas por nuestra cuenta hizo que naciera y creciera la leyenda de los Ninjas de mi barrio. Nunca más volvimos a tener ladrones.
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