miércoles, 7 de junio de 2017

Padre / Padrastro

Estaba asustado. No entendía muy bien por qué sucedió. Hace veinte años yo era un niño muy feliz. Tenía cinco y vivía en una casa pequeña con papá y mamá.

Una tarde al llegar de la guardería encontré a mis padres peleando en la sala. Mi papá cogió sus maletas y se marchó de casa. Yo me quedé solo en la sala, sin comprender nada. Le pregunté a mi mamá qué pasaba y ella me respondió: "Papá ya no nos quiere y por eso se va, tal vez no regrese jamás". Yo me quedé aterrado. Comprendí que nunca más lo volvería a ver.  

El tiempo pasó y cuando cumplí los ocho, vi a una persona llegar. Por el físico parecía ser mi papá, me acerqué emocionado a la puerta pero no era él, era la nueva pareja de mi mamá, eso que al que llaman 'padrastro' y pasé en casa de ser protagonista a un personaje de relleno, perdiendo mayor importancia al año siguiente cuando nació Patricio, el hijo de mi madre con ese sujeto. 

Pasan los años y al borde de los quince mi padrastro salió de nuestras vidas y vino otro sujeto. Era mi padre que se había reconciliado con mi mamá, pero era imposible que se reconciliase conmigo. Para mí era un extraño al que nada me ataba. Hubiera preferido que siguiera de largo.

Cuando cumplí los diecinueve, mi padrastro retornó a casa una mañana que estaba en la universidad y mató a mamá a papá y a Patricio. Le dijo a la policía que mi familia era su familia y no de mi padre y no la quería compartir con nadie.  

Ahora tengo veinticinco y sigo asustado. Tengo miedo de que la vida me convierta en 'papá' o me convierta en 'padrastro'. 

domingo, 28 de mayo de 2017

El niño que miraba

En una calle donde todo era hermoso y colorido, todos los niños saltaban y jugaban, pero había uno que no era como los demás, se negaba a jugar, a bailar, a cantar y brincar. Se contentaba con solamente mirar, sin hacer nada por hablar o hacer amistad.  

Había en el patio una niña que siempre salía acompañada de sus muñecas. El niño que no le gustaba hacer nada le gustaba verla jugar. Sentada en medio del parque, tomando gaseosa con Doritos en el invierno o un marciano de lúcuma o de maracuyá en los veranos. 

Disgustados de verse siempre contemplados, la niña y los demás niños se acercaron a la ventana del niño observador y le arrojaron piedras, trayéndose abajo los cristales. Sin conmoverse por las lágrimas, la niña con tan buena puntería le arrojó un pedazo de ladrillo que le impactó de lleno en la cara y el niño nunca más los volvió a mirar.

Pasaron los años y los niños crecieron. Tema de sus conversaciones era recurrente la ventana abandonada y el niño que antes se asomaba. El secreto de su timidez lo comprendió la niña, ahora enfermera de un albergue, cuando vio a ese niño ahora crecido en una silla de ruedas. Había quedado mudo y paralítico en un accidente en el que sus padres habían muerto y había quedado tuerto por un ladrillazo que le cayó en el ojo. 

Todas las tardes, la enfermera saca a su paciente a la calle para escuchar a los niños jugar y bailar. Sonríe a pesar que ya no los puede mirar. 

sábado, 1 de abril de 2017

Carta a un Daminificado de mi Edad

Estimado amigo:

Sé que tú y tu familia viven momentos difíciles. Les toca pasar una dura prueba donde no queda más que salir adelante, teniendo la fe y la esperanza como incentivo. Dios nos ha mandado a todos los peruanos una dura prueba de resistencia, pero estoy seguro que unidos vamos a salir y forjar un país nuevo donde prime la cooperación y la solidaridad. Yo no te conozco, pero eres peruano como yo y eso me basta. Yo confío en ti y Dios también.

Dicen que a veces el mundo te tira y esta vez les ha tocado a los que menos tienen. A mí me ha pasado algunas veces, he tenido problemas y dificultades, pero de la Vida aprendí que hay que pararse y mirar todo lo malo con buena cara. No podemos hacerle frente a la furia de la Naturaleza, no podemos intervenir cuando nos llega cargada de agua-fango-piedras, pero podemos evitar que en el futuro no nos afecte tanto y haya tantos damnificados.

Espero que las autoridades habiliten para las personas que lo han perdido todo lugares más seguros para que construyan sus casas. Nunca más debemos construir por donde desfogan las quebradas. Yo soy consciente que la debes estar pasando mal. A las catástrofes naturales no hay que tenerles miedo, pero sí respeto y mucha precaución. Cuando cayó el primer huaico estaba en la calle con mi papá y nos fuimos corriendo a la casa. Yo vivo en un edificio y desde el techo presencié cómo el barro entró en el pasadizo del edificio. Mi departamento queda en el segundo nivel y el agua de lluvia ha levantado el piso de la sala, un daño mínimo para personas como tú que sé lo han perdido todo, pero estoy seguro, te vas a levantar.

Esta es la primera vez que hemos sido testigo de huaicos y otros estragos de las lluvias torrenciales. Sólo nos queda cuidarnos de las nubes de polvo que se levantan y de no tener contacto con el agua y el barro para no contagiarnos de leptopirosis. De otro lado, te prometo que nosotros seguiremos trabajando, recolectando víveres y ayudando a quienes más lo necesitan. Sé que poniendo de tu parte, vas a volver a ser feliz y Dios nos recompensará a todos por ser tan fraternos con el prójimo.

Fuerte abrazo para ti y tus familiares. 

jueves, 12 de enero de 2017

Desahogo

En mi barrio nadie te aprecia por lo que escribes. Leer para ellos es una pérdida de tiempo. Una obligación aburrida e inútil. Mis amigos me molestan. Dicen que escribo pura mierda. Se cagan en Confesiones y en Fuerzas SAS. De La Moscadicen que me la meta por el culo. ¡Qué carajo me importa! Voy a seguir escribiendo y posteando en mi blog. Voy a llenar el internet de pura mierda y no voy a parar hasta que sus burlas, palabra por palabra, se las metan por el culo. 

viernes, 6 de enero de 2017

Confesiones


Las cosas no son como parecen.
No todos somos iguales.
La igualdad es una mentira que nos quieren hacer creer. 
Cada persona tiene sus cualidades y no puedes obligarla a cambiar.
A mí me gusta inventar historias y ser libre. 
Escuchar música, sentado en las escaleras, mirando lo que vendrá.
No entiendo por qué me quieren obligar a estudiar.

sábado, 31 de diciembre de 2016

George Partner

Los campamentos en los bosques son muy peligrosos. Entre los árboles merodea un asesino que mata con hachas, cuchillos y machetes. Cuenta la historia que George Partner enloqueció cuando a su mamá la mataron unos jóvenes sólo porque la tía era aficionada a cocinar en un caldero a boy-scouts con salsa de champiñones. Desde ese entonces acecha a quienes se les ocurre acampar en Año Nuevo en su bosque, sacándoles las tripas a sus víctimas y adornando con ellas los árboles como si fueran guirnaldas de Navidad. George Partner existe. Usa una máscara blanca de hierro y comienza a matar cuando escucha Two Minutes to Midnight de Iron Maiden. En el cine le cambiaron de nombre. Lo llaman Jason Voorhees y ha protagonizado una docena de películas, pero no es cierto que mate los viernes 13, mata en la primera madrugada del año.

Así que si van a acampar al bosque están advertidos. Esta noche es noche de Año Nuevo.

domingo, 25 de diciembre de 2016

La Mosca

Cada mañana la misma tortura a lo largo de una semana. Echado en mi cama recibía una visita que me atormentaba. Me daba vuelta, me revolvía, daba manotazos en el aire, pero era imposible... Esa mosca maldita, desafiante a mis arremetidas, igual se las arreglaba para posarse en mis labios, pómulos o nariz, quitándome las ganas de dormir hasta más tarde. 

Lleno de ira me levantaba, deseando aniquilarla con cualquier objeto a mi alcance. Una lucha inútil entre un ser humano torpe y un ser alado con un alto instinto de conservación que se volaba apenas intentaba asestarle un golpe, volviendo a ponerse a mi alcance como burlándose de mis intentos fallidos de acabar con su insoportable presencia. 

Abatido y resignado a levantarme temprano hasta que se agotara su tiempo de vida entre quince a treinta días, una noche me levanté a orinar y encontré a la mosca, inmutable, apoyada en el espejo del baño. Sin muchas expectativas, levanté mi chancla y le asesté un golpe seco al vidrio sin la convicción suficiente. Grande fue mi sorpresa al verla allí, inerte, aplastada y sin vida, en uno de mis intentos menos calculados. Pensé que a toda mosca, por más 'mosca' que sea, le llega su momento de terminar hecha puré.  

Ahora, si bien puedo dormir hasta más tarde, un sentimiento extraño me invade, una desazón que me pensar en que ya nadie me visita cada mañana. Me siento más solo en mi enorme cama.